Por qué debes cerrar las cuentas que ya no uses

Hace unas décadas la tendencia en la relación de un usuario medio con la banca era la de mantener la fidelidad. Una persona podía perfectamente mantener productos financieros en una única entidad durante toda su vida. Sin embargo, en las últimas décadas esto ha cambiado de manera sustancial, para bien, pero también en algunos casos para mal.

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Uno de los problemas habituales que genera la enorme oferta existente, a pesar de la reagrupación del mercado bancario, es la apertura de productos, fundamentalmente cuentas, que no recordamos cerrar de manera correcta.

Qué ocurre con una cuenta olvidada

Una cuenta olvidada es aquella que ya no se utiliza, pero que no se ha cerrado. Se trata de un hecho muy frecuente, existen un enorme volumen de cuentas olvidadas o, de cuentas con poca o ninguna actividad.

En un mercado bancario tan abundante de oferta como el actual, es muy frecuente que un usuario cambie a lo largo de su vida varias veces de entidad financiera o que mantenga productos en diferentes entidades financieras. Esto, sin duda, favorece el olvido de productos que no se utilizan.

Sin embargo, aunque nosotros olvidemos la cuenta, esta no se olvidará de nosotros: permita el lector esta ironía para indicar que la cuenta, si no se cierra expresamente, se mantiene abierta.

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El problema de las cuentas olvidadas

Hay que señalar que, las propias entidades financieras pueden ser capaces de “suspender” los servicios de una cuenta, aunque no haya sido cerrada cuando se acredita que no está activa, pero, teóricamente, la única persona capacitada para cerrar una cuenta bancaria es su titular (u otros casos como herederos, etc)

El problema de las cuentas olvidadas es sencillo de entender: si una cuenta se abandona sin gastos, puede que se mantenga con un saldo neutro. Pero, por ejemplo, si hay un cambio de políticas en la entidad y esa cuenta es grabada con una comisión de mantenimiento anual, la entidad puede aplicar la comisión, e incluso, generar un descubierto si el cliente no tiene otros productos sobre los que cargar el gasto.

Por tanto, efectivamente, una cuenta olvidada puede acabar generando deudas. Es cierto que esto no tiene mucho que ver con el grave problema que generaron las denominadas cuentas zombie en Estados Unidos, cuentas de ahorro o de crédito que se olvidaban cerrar pero que seguían aceptando recibos o pagos generando saldos negativos, que en algunos casos eran de mucho volumen.

Sin embargo, la acumulación de números rojos en una cuenta de la que no tenemos información, puede acabar suponiendo un problema molesto, y peor aún, incluso una deuda considerable en el tiempo o la inclusión en un registro de morosidad.

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